¿Somos animales o personas?

Published on Friday, 20 April 2012

Para abordar el tema de hoy os tengo que presentar a un compañero de trabajo. Se llame como se llame, todos le llamamos Nepundo.

Nepundo es una de esas personas que suele decir muchas tonterías, pero cuando se pone serio te gustaría poder grabar las conversaciones y escucharlas en casa a solas para extraerles todo el jugo. Y esto no quita que Nepundo sea, ante todo, una persona humilde y sencilla. No tiene grandes ambiciones ni en lo personal ni en lo laboral. A él le importan un bledo las jerarquías y lo que quiere es vivir una buena vida, y no confundamos una vida plena con vivir a cuerpo de rey. Quizá por eso un día se hartó de su existencia, renunció a su puesto de trabajo y se fue a vivir lejos, muy lejos de su anterior vida.

Afortunadamente, a temporadas se deja caer por nuestras oficinas. Para mí es un placer porque con él a mi alrededor tengo que esforzarme al máximo no sea que me vea el código y se me caiga la cara de vergüenza. Y porque con él siempre que hablo de código terminamos hablando de estética.

Como los buenos maestros, a veces parece que chochea. ¡Se repite mucho!. En ocasiones pienso que lo hace adrede. Quizá se repite porque percibe que no le escuchamos, e intenta enseñarnos las cosas por aplastamiento, a martillazos. En una de sus batallitas más frecuentes, Nepundo nos habla de un amigo de la universidad con el que compartía prácticas. Este amigo, según nos cuenta, aún debía ser más pulcro y perfeccionista que él. Cuando trabajaban en parejas, a veces sentían la tentación de dejar alguna pequeña mancha en el código - más conocidas como ñapas -. Y siempre, en estas ocasiones, su amigo lanzaba esta pregunta al aire:

¿Somos animales o personas?

Y venciendo a esa tentación perezosa volvían sobre sus pasos, desanudaban y volvían a tejer hasta que se daban por satisfechos.

Lo que me sorprende de esta historia es ver esa actitud antes incluso de salir del ambiente universitario, siendo tan difícil de encontrar en el mundo laboral. Sin saberlo, el compañero de prácticas de Nepundo estaba lanzando una pregunta muy ligada a la cultura ágil:

¿Somos programadores o artesanos?

Bajo esta pregunta se esconde nada más que la percepción que uno se tiene de sí mismo y de sus objetivos como profesional. De si se siente satisfecho con el deber realizado o siente una necesidad permanente de correr hacia la excelencia, siempre sintiéndose lejos de ella.

A veces también me pasa que siento esa tentación de dejar manchas en el código, y algunas de esas veces sucumbo y me dejo llevar. Por eso ahora, cuando esto me ocurra, resonará en mi cabeza aquella pregunta de apariencia ingenua que solía lanzar un estudiante universitario.